Sergio Fajardo y Giancarlo Mazzanti (spanish)

BOMB 110 Winter 2010
110 Winter 2009
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Exterior view of the library Biblioteca León de Greiff, Medellín. Designed by Giancarlo Mazzanti.

En los últimos años Medellín se ha vuelto visita obligada de los arquitectos que vistan Colombia y América del Sur. Se realizan foros y eventos que muestran y promueven la nueva arquitectura de la ciudad; se organizan excursiones de estudiantes para visitar los nuevos edificios, que poco a poco se han convertido en símbolos y postales. Cientos de publicaciones internacionales reseñan la arquitectura pública que le cambió la cara a la ciudad y atestiguan su valor con sus exigentes curadurías de los nuevos y más importantes edificios del mundo, convirtiendo a Medellín en un referente de cómo una trasformación urbana basada en la buena arquitectura es capaz de construir bienestar social y trasformar la mentalidad de sus habitantes.

El artífice de esta transformación de Medellín es el matemático y profesor universitario Sergio Fajardo, alcalde de la ciudad de Medellín del 2003 al 2007, quien a través de una estrategia urbana coherente e incluyente transformó la ciudad que en los años 90 llegó a ser la más violenta del mundo. ¿Su estrategia? Hacer presente al estado en las zonas más pobres y violentas a través de programas sociales, culturales y de proyectos urbanos integrales acompañadas de buena arquitectura que, en su gran mayoría, fue por concurso público y, por ende, le abrió espacio a los más jóvenes arquitectos de Colombia.

Al final de los años 90, cansado de la politiquería y la corrupción en su ciudad, Fajardo formó el Grupo Compromiso Ciudadano. La búsqueda que le mereció la alcaldía de Medellín era transformar la ciudad y generar mayor oportunidades para sus habitantes. Basando las políticas en el slogan: “Medellín: del miedo a la esperanza”, se trabajó en reducir la pobreza y la violencia atacando ambos problemas de manera simultánea. Se aumentaron las oportunidades tanto de empleo como de generación de empresa, se disminuyó la desigualdad social a través de políticas educativas y proyectos puntuales. Mediante proyectos arquitectónicos integradores, como parques, bibliotecas en sectores deprimidos, y modernización de colegios dentro del marco de la política “Medellín, la más educada”, se lograron disminuir los índices de violencia e inseguridad, y se redujo la exclusión al interior de la comunidad.

Conocer la nueva Medellín es encontrase con el sorprendente Orquideorama, la Plaza de la Luz, el Parque Explora, la Plaza de los Pies Descalzos, la Biblioteca del Jardín Botánico EPM, y el Centro Moravia. Hay cinco nuevas bibliotecas, diez nuevos colegios, nuevas calles peatonales, en fin, más de cincuenta nuevos proyectos urbanos y arquitectónicos caracterizados por buena arquitectura institucional y contemporánea. No sólo basta con hacer obras, sino que hay que hacerlas con calidad, la cual se puede medir en el grado de apropiación que los habitantes de la ciudad hacen de ellas y en el hecho de que se hayan convertido en visitas obligadas de quienes visitan la ciudad.

Estas arquitecturas representan una novedosa forma de hacer ciudad y política, una nueva generación de arquitectos de cara al mundo preocupados por desarrollar discursos y arquitecturas más acordes con el momento histórico en que vivimos. Son arquitecturas que comprenden y trabajan con los lugares en que se insertan, con la cultura a la cual pertenecen; arquitecturas mestizas, múltiples y respetuosas de las diferencias, de las diversas formas del hacer arquitectónico. Estas arquitecturas no pretenden desarrollar un discurso totalizador y único, ni imponer una sola forma de hacer o pensar. Son arquitecturas incluyentes en las cuales se reúne lo global y lo local de manera transversal, actuando al mismo tiempo con un sentido social y urbano. Estas arquitecturas múltiples y experimentales son el espejo arquitectónico en el cual se refleja una sociedad cada vez más abierta, inclusiva, y tolerante, basada en las políticas pluralistas y respetuosas definidas por el alcalde y ahora candidato presidencial Sergio Fajardo.

—Giancarlo Mazzanti

Giancarlo Mazzanti ¿De dónde surge el modelo de ciudad que se concebió? ¿Cómo se gestó? Sé que tiene que ver mucho con ciertos textos que usted ha leído de Jordi Borja, uno de los urbanistas españoles que trabajó en el desarrollo de Barcelona en los ochenta. ¿Qué otras aproximaciones hay?

Sergio Fajardo Al final del ‘99 tomamos la decisión de organizarnos políticamente como un movimiento cívico independiente para llegar al poder. Durante tantos años muchas personas de nuestra sociedad —algunas perteneciendo a algún tipo de organización social, cultural, empresarial, etcétera— lo máximo que alcanzaron a hacer era decir cómo deberían ser las cosas mediante sus artículos, sus estudios, su participación en algún tipo de comité o reunión, etcétera. Después de tantos años de aceptar que, nos guste o no, son los políticos los que toman las decisiones más importantes en la sociedad, decidimos entonces participar en política. Éramos protagonistas que terminábamos siendo pasivos porque todo lo que hacíamos terminaba en manos de otras personas que determinaban si se hacía o no se hacía. Ahí fue cuando decidimos organizarnos para llegar al poder y para, ya en el poder, en lugar de seguir diciendo “Debería ser…,” poder decir “Así se hace.”

GM Para mí los que toman las decisiones son los políticos y los profesores, ahí es donde se gesta todo. Para poder construir poder político hay que construir poder educacional, llamémoslo así entre comillas. Y me parece muy interesante pasar de ser profesor a construir un discurso político; una sociedad la cambia uno desde la política y desde la educación.

SF No es accidental la forma como nos hemos desarrollado, porque soy profesor y seguiré siendo profesor; soy matemático, además, que es una forma particular de entenderse con el mundo. Para mí siempre la labor política tiene una gran connotación pedagógica. Aquellos en el poder público somos los primeros educadores de una sociedad. Entre paréntesis, lo que está pasando aquí es un proceso de des-educación, pues precisamente todo lo que ocurre en el escenario político no es un proceso pedagógico cívico de construcción de civilidad de ciudadanía sino algo bastante dramático y, a veces, patético.

GM Ésa es una de las funciones que todos profesionales tenemos que terminar cumpliendo. Mi obsesión hoy día está un poco en cómo transformamos la educación en arquitectura para construir mejores arquitectos y espacios más acordes con las formas de vida actual. Sobre todo en Bogotá hay una crisis de la educación, no estamos formando profesionales con una mirada multicultural y sin prejuicios a las nuevas formas de vida. En Medellín hay una solidez mayor, pero hemos comenzado a entrar un poco en crisis. Estoy hablando en términos de arquitectura porque es lo único que más transcurre por mi mente. Ya no existe una sola forma de hacer arquitectura, un dogma y un creador omnipotente. Hoy en día existen múltiples formas y maneras de aproximación para hacer arquitectura.

SF A mí me gusta explicar todo esto de la siguiente manera, Giancarlo. Yo vengo de un mundo privilegiado. Cuando terminé de estudiar bachillerato en Medellín, quería estudiar matemáticas. Era el único de todos mis compañeros que quería hacer algo de esa naturaleza; todos los otros querían ser arquitectos, administradores, ingenieros, médicos, economistas, y ese tipo de cosas. Yo quería estudiar matemáticas y me vine a estudiar acá a Bogotá a la Universidad de los Andes, una universidad privada muy buena. Estudié la carrera y quería seguir estudiando, así que hice una maestría. Quería seguir avanzando y llegar a lo más alto en el mundo académico científico, así que hice un doctorado en Estados Unidos. ¿En qué consiste el privilegio? Tenía puertas abiertas en frente. Para la mayoría de las personas en nuestra sociedad esas puertas no existen. Una de las motivaciones más grandes que yo he tenido siempre ha sido que tener puertas en frente no dependa de la condición social, que no sea un privilegio sino un derecho de una sociedad justa. Y una inquietud personal mía es cómo pasar de la cantidad de lugares comunes asociados con el tema de la educación para hacer de ella algo entendido en el sentido más amplio. Habitualmente la educación se refiere al colegio, el bachillerato, la primaria, etcétera… ¿Cómo hacer una educación donde se incorporen ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento, y cultura? ¿Cómo hacer que el motor de la transformación social sea la construcción de la capacidad de las personas para hacer una sociedad justa?

Teníamos claro que íbamos a luchar contra una mezcla única de problemas para nosotros en Colombia: las desigualdades sociales y una violencia con raíces profundas. ¿Cómo ir todos los días disminuyendo la violencia, pero cada vez que la logremos eliminar, llegar con oportunidades sociales? Muchas personas en nuestra sociedad tienen enfrente un muro sellado: en un extremo está una puerta para entrar al mundo de la ilegalidad. El narcotráfico se ha encargado de darle unas dimensiones extraordinarias, y más aún en Medellín. Otra de las puertas conduce a la informalidad. El reto nuestro siempre ha sido como ir abriendo en ese muro sellado puertas, puertas para que la gente pueda transitar e ir participando en la construcción de la esperanza. ¿Qué es la esperanza? Cuando alguien en una comunidad ve un camino que puede seguir. Si solamente está viendo un muro en frente y no ve cómo opciones más que la ilegalidad o la informalidad, esas no son realmente alternativas.

GM Y ese proceso sucede en todo el país, no solamente en Medellín…

SF Eso vale para todo Colombia; aunque, claro, Medellín tiene sus contextos particulares.

GM Uno encuentra en el Caribe a niñas en unas condiciones de prostitución horribles, y en Bogotá está la pandilla…

SF Y en Medellín tenemos una explosión muy alta de todo eso, pero al mismo tiempo una riqueza y fortaleza que la hacen única. Teníamos que llegar a todos los espacios de la ciudad con la construcción de oportunidades, ése era el reto. Ir quitando violencia y abriendo otras puertas; para cerrar unas puertas hay que abrir otras.

GM Ese modelo de ciudad se trabajó con la gente y con los líderes de las comunidades, y dentro del ámbito del arte y la arquitectura. Se ve en la aceptación de la gente a las políticas y construcciones que le cambiaron la cara a Medellín.

SF Allá voy. Nosotros conocíamos las necesidades de todos los espacios de la ciudad porque hicimos la política caminando. Yo me caminé Medellín de lado a lado físicamente; no era que llegara en un carro blindado y me bajara en una cuadra a ver, sino que nuestra forma de hacer la política fue precisamente entrar en contacto directo con las personas y las comunidades en todos sus espacios. Eso es muy poderoso; yo tenía la ciudad en la piel, en el corazón, y en la razón. Lo mismo con el país. Usted tiene que tenerlo en la piel para sentirlo, verlo, tocarlo. En el corazón, para quererlo; y en la razón, para entender.

GM Uno construye la vida con un poco de esas cosas, con la intención de querer, de entender, y de proponer.

SF Exactamente. Entonces sabiendo dónde estaban las necesidades, el índice de desarrollo humano más bajo, habiendo tocado y entendido los problemas así como establecido una relación con la comunidad, nuestro reto estaba en cómo íbamos a intervenir. Tenía que haber una ruptura con una cultura, con una forma de vida muchas veces dolorosa y marcada por esa violencia.

GM Ahí aparece un tema muy bonito con la palabra “ruptura” y es que nosotros como arquitectos también construimos rupturas constantemente. Sin ruptura no existe cambio y sin cambio no existen nuevas opciones en la arquitectura. Octavio Paz define la ruptura como la razón critica, sin la cual no existiría la noción de progreso.

SF Y ahí entra la arquitectura; el concepto era: “Lo más bello para los más humildes.” Implicaba una ruptura con esa concepción de que a los pobres cualquier cosa que se les dé es ganancia. Nosotros proponíamos que lo mejor de la sociedad fuera a donde están las mayores necesidades. Habitualmente se les dan migajas a los pobres, pero nuestra propuesta era darles lo mejor. Teníamos que romper y mostrar otra forma. Sabíamos que el miedo encierra, el miedo aísla; el miedo y la violencia destruyen todo el capital social.

GM ¿Sabes qué me apasiona mucho de lo que estamos hablando? Esto tiene que ver mucho con el discurso que tenemos muchos de los arquitectos jóvenes (bueno, jóvenes, ya no somos tanto). Algunas arquitecturas en el país están basadas en el miedo. “Cuidado, no proponga.” “Cuidado, no puede hacer eso porque eso está mal.” Si la educación gira alrededor del miedo, lo que construimos es gente temerosa que no es capaz de proponer. Pero la única manera de conseguir cambios es construyendo rupturas.

Me acuerdo mucho cuando usted fue a mi oficina y yo estaba emocionadísimo porque venía el alcalde… Y que usted venía muy preocupado; esa arquitectura que íbamos a hacer en la comuna y en Santo Domingo específicamente le preocupaba mucho porque rompía con los moldes clásicos. Y me acuerdo mucho que usted me decía: “Yo quiero un símbolo”. Y yo le dije: “Si quiere un símbolo tiene que asumir los riesgos”. Y el riesgo era producir una arquitectura que no estaba hecha de la manera en que se había hecho mucha de la arquitectura que estábamos acostumbrados a hacer pública.

SF Y el símbolo era que teníamos que mostrarle a la gente que había otro camino. La arquitectura queda perfecta dentro de todo esto, porque permite romper con la tradición de las migajas incorporando como condición construir lo más bello, desde el punto de vista estético, para los más necesitados.

GM Hasta entonces nunca me había dado cuenta de que ese discurso estaba tan cercano a la posición arquitectónica de una generación importante de arquitectos en Medellín y Bogotá. La arquitectura es un instrumento de acción política y ustedes así lo entendieron; con ella somos capaces de generar bienestar social y, por ende, de producir mejores condiciones de vida en las comunidades más necesitadas.

SF Hay una coincidencia detrás de todo esto, ¿cierto? Yo soy hijo de arquitecto. Soy el mayor y el más cercano a mi papá. De niño veía los lugares en los que él trabajaba y entendía lo que hacía—era una forma de ver el mundo. Mi papá en particular fue una persona que tuvo mucho que ver con los sitios de la arquitectura en Medellín. Participó en la construcción de la Universidad de Antioquia, que fue un símbolo de lo público tan importante para la ciudad. Desde niño tenía claro lo que significa la estética como herramienta de transformación social, como un mensaje de inclusión. Detrás de todo esto está la palabra más importante de todas—y la arquitectura juega la que juega un papel preponderante— en todas estas intervenciones urbanas: la dignidad.

GM Se entiende cuál es el papel que jugó la arquitectura en todo eso.

SF ¿Cuáles son los espacios públicos en los que estábamos pensando? Parque y biblioteca, colegio, centro de cultura, parque de las ciencias, jardín botánico, casa de la lectura, de la música. Todo esto alrededor de la expresión tangible de lo que es la educación entendida en un sentido amplio. Lo que nosotros hemos hecho entonces es construir los nuevos símbolos, los nuevos espacios donde puede darse la movilización social alrededor de la arquitectura como una expresión social poderosa. Habitualmente la gente está diciendo “¡Es que eso es cemento!” ¡Falso!

GM Y no solamente es importante hacer todo esto, sino cómo hacerlo desde el punto de vista estético y social —¿cómo es esa arquitectura? Creo que ahí se contó con una gran apertura de la administración para que aparecieran proyectos como los colegios, como el Orquideorama del Jardín Botánico. Me apasiona cómo la arquitectura puede cambiar conductas y maneras de uso, a través de la creación de atmósferas que incentiven la vida en comunidad de forma acorde a nuestro tiempo.

SF Sin duda.

GM Cuando hablamos de educación el problema no solamente está en cómo construyes espacios educativos, dónde se da una clase, sino cómo el espacio en sí mismo puede ser pedagógico. La discusión no puede seguir radicando solamente en los aspectos estéticos, sino en cómo inducir efectos, acciones, y acontecimientos pedagógicos. Se trata de una arquitectura escolar que actúa y no simplemente que acoge.

Este discurso aparece con su alcaldía gracias a la oportunidad que se nos da en Medellín de construir un nuevo modelo de ciudad, que no solamente va aunada a cómo se hace la arquitectura sino también a dónde se pone. En eso fueron muy inteligentes.

SF Nosotros sabíamos dónde estaban las necesidades de la gente.

GM El valor de posición es importantísimo: cómo se implantan las nuevas construcciones en estos barrios para que se hagan visibles y generen mayor apropiación y pertenencia entre los habitantes.

SF Todo eso fue estudiado: en dónde debe quedar, cuál es el entorno, cuáles son las condiciones… O sea, esa no era una intervención arbitraria, sino una intervención social.

GM Es que la arquitectura sólo tiene sentido en medida de que sea capaz de producir bienestar, ya sea ambiental o social. Si no, no tiene ningún sentido, se vuelve un juego de egos, de formas, de construcciones.

SF El primer paso de la calidad es la dignidad del espacio, es mostrar otro camino.

GM El símbolo produce dignidad. Cuando hablo de ciertas bibliotecas y ciertos proyectos digo que la gente hoy en día se siente orgullosa de donde vive. Antes la gente tenía un miedo gigante de decir dónde vivía… vivir en la comuna era angustioso. La gente decía: “Yo no vivo ahí.” El lugar fue un fortín inexpugnable de los sicarios de Pablo Escobar en los 80. Hoy día la gente dice encantada: “Yo vivo donde allá está eso que usted ve ahí.”

SF Y esto se convirtió en atracción turística…

Yo recuerdo cuando nos decían que para corregir la imagen negativa de Medellín en la prensa teníamos que conseguirnos un asesor internacional que nos cambiara la imagen. Siempre tuve muy claro que el problema de Medellín no es una marca, nosotros no tenemos que llegar a inventarnos una campaña estilo “Medellín, el verde estremece la vida.” El sello nuestro es la transformación de las condiciones que nosotros teníamos y demostrar que se le puede apostar a esto. Que somos capaces de hacerlo, construirlo, y entregarlo, y tocar una sociedad entera para construir la esperanza.

GM Es increíble cómo esta ciudad se transformó.

SF Así es, y va a durar por muchos siglos. Por eso cuando preguntan qué hicimos nosotros, yo respondo que ahí le cambiamos la vida a mucha gente, de eso no tengo la menor duda. Algunos se quejan de que ha aumentado la violencia… Pues sí, como ya dije, aquí nosotros, dolorosamente, tenemos desigualdades sociales y una violencia con raíces profundas. Ojalá no fuera así. Hay una puerta de entrada al mundo del conflicto, y la única forma de cerrarla es abriendo otras. Eso fue lo que nosotros hicimos, no hacer que los que estaban en la guerra se salieran de la guerra, sino propiciar que cada día entren menos, hacer que todo el que pase por el Parque Biblioteca España nunca entre en la delincuencia. Esos lugares que construimos son públicos y son orgullo de la ciudadanía y de las comunidades.

GM El nivel de vandalismo sobre las obras públicas que usted hizo en Medellín es muy bajo comparado con lo que me toca ver en otras ciudades del país. Yo sólo hago obra pública; a mí la obra privada me parece extremadamente definida por el interés de ganar dinero, por lo que pierde su valor principal de construir bienestar. El deterioro que he notado en otras ciudades es mucho mayor; he aprendido que cuando usted le da la gente lo mejor que le puede dar, la gente lo cuida.

SF Sobre todo cuando incluye a la comunidad en la construcción, cuando es parte del proceso social. Si no participa y usted le hace las cosas más bellas en un sitio, no es de ellos, no es propio. Así fuimos construyendo todos esos parques; ¡fui setecientas veces al Parque Biblioteca España antes de que saliera! Íbamos llevando a la comunidad de la mano; la comunidad iba creciendo junto con la obra.

Además de todo esto había una nueva forma hacer la gestión pública, con transparencia; nosotros no nos robábamos un peso.

GM Vuelvo a mi experiencia en obra pública: muchas veces usted tiene que luchar para que el constructor haga las cosas, y no tiene el apoyo de la entidad. En el Parque Biblioteca España y en los otros proyectos que yo hice en Medellín —la Biblioteca León de Greiff, y ahora los coliseos para los Juegos Suramericanos— teníamos el apoyo de la alcaldía para que las cosas salieran lo mejor posible.

Hago una pregunta que para mí es importante porque soy defensor a ultranza del tema de los concursos. Gran parte de los proyectos se hicieron en Medellín fueron por concurso público: el único mecanismo real democrático abierto que permite que aparezcan nuevas formas de hacer arquitectura. Voy a poner de ejemplo los Orquideoramas, una de las obras hechas por concurso más interesantes de arquitectura colombiana en los últimos años. Son una serie de hexágonos entrelazados a la manera de un ser vivo y que produce una arquitectura integrada a los árboles del Jardín Botánico.

SF ¿Te cuento como fue la historia? La cosa fue que nos dijeron que necesitábamos conseguirnos una firma arquitectónica —una que diseñó el Guggenheim. Ése era el concepto. De hecho Pilar Velilla, la directora del Jardín Botánico, quien hizo un trabajo extraordinario, era la que más defendía eso. Yo no, le dije “¡Olvídese! Aquí hay talento.” Entonces hubo un concurso, un concurso de ideas.

GM El estado debe propiciar que la escogencia, en términos de diseño arquitectónico, gráfico, e industrial, y arte público, se haga siempre por concurso.

SF Yo crecí en ese ambiente. Cuando era adolescente se hicieron muchas obras en Colombia por concurso público. El concurso sin duda despierta una competencia que sirve para recoger la mayor calidad, la mejor expresión de las personas.

GM Y le da espacio a los más jóvenes. El concurso es el único mecanismo que abre espacios para los jóvenes y para las propuestas nuevas. El concurso es la única opción en la arquitectura de producir rupturas, porque cuando te contratan lo que normalmente sucede es que te dicen qué hacer. En cambio en el concurso tú decides lo que te interesa hacer y lo pones a consideración de un jurado de arquitectos que deciden cuál es el mejor proyecto.

SF Nosotros hicimos una mezcla de concursos de todos tipos. Los colegios, por ejemplo, ¿cómo fueron construidos? Yo llamé a diez arquitectos de la ciudad reconocidos por su talento, y les pregunté si querían participar en la transformación de Medellín. “Sí queremos participar,” dijeron. Construiría un colegio cada uno y no cobrarían por su trabajo. Como no podíamos hacer diez concursos diferentes para cada uno de los colegios, hicimos un sorteo para determinar cuál colegio le tocaba a cada arquitecto. Así lo hicimos, mezclando estas distintas formas, pero siempre convocando a la creatividad.

GM En el mundo hay una gran pasión por los estudios paramétricos y encuentro grandes firmas de arquitectura utilizándolas: la de Zaha Hadid, por ejemplo. Se vuelve como el juego de los programas de computadoras y lo paramétrico para hacer arquitectura.

SF Yo nunca le paré bolas a eso. Creo que hay gente que sabe crear. Las matemáticas pueden ser parte de un proceso de creación. Si usted es un creador en su lenguaje y le sirven las matemáticas, ¡úselas! Pero nunca le voy a imponer yo a nadie las matemáticas para nada.

GM ¿Qué proyectos le quedaron en el tintero en Medellín? ¿Qué proyectos no logró hacer que hubiera querido hacer durante su administración?

SF Realmente no hubo ninguno… Bueno, está el Metro Plus, el sistema masivo de transporte con los buses que se integran al metro de Medellín. Ése es un problema muy grande—nosotros teníamos muchos retos para organizar las cosas. Era la primera vez que un movimiento cívico independiente llegaba al poder en Medellín. Derrotamos a la maquinaria política tradicional más poderosas de todas. Yo nunca había tenido un cargo público. Logramos convencer a la gente de lo que nosotros significábamos, pero no teníamos nada que mostrar aún. Al llegar al poder teníamos la obligación de hacer una transformación urgente para demostrar que todo lo que habíamos dicho y propuesto lo podíamos hacer realidad. Este fue un reto grandísimo para nosotros.

GM Un tema increíble es que lograron ser muy eficientes, muy ejecutivos, sobre todo al venir de la academia y no haber tenido experiencia previa en un cargo público.

SF Ése es un orgullo de nosotros. Teníamos un equipo con cinco características: todos éramos totalmente honestos en el sentido pleno de la palabra. Dos, teníamos conocimiento, no estábamos improvisando. Tres, trabajamos con pasión; si esto es por cálculo, no se hace. Cuatro, teníamos una sensibilidad social muy profunda; y cinco, trabajamos con decencia. Teníamos unos retos comunes, era nuestra vida lo que estábamos haciendo, así que en medio de todas las dificultades que tuvimos, hicimos algo espectacular. Por eso estamos hablado aquí.

GM Me apasiona el valor de la palabra en su discurso político y su discurso de construcción, aquí ya no estoy hablando de arquitectura. Cómo palabras tales como honestidad, decencia, y pasión son capaces de activar que las cosas sucedan. Hay un pensador, Richard Rorty, que escribe sobre cómo la palabra se transfigura y construye nuevas opciones para pensar en la arquitectura. Sería laborioso o complejo entrar en materia, pero he descubierto una cantidad de cosas que empiezan en el discurso político y terminan construyendo el discurso arquitectónico. Términos como ruptura y miedo, de los cuales hemos estado hablando, aparecen deliberadamente en el discurso político y el discurso arquitectónico…

SF La gracia de todo esto es que nosotros no estamos implementando una fórmula determinada; estamos innovando, estamos creando en lo político y en lo social. Así es como se avanza en la realidad. La clave de todo esto es que uno tiene unos principios. El liderazgo mío como matemático no está en las sumas y esas cosas, está en los principios y en la coherencia de los principios. Una demostración matemática es una sucesión de pasos donde cada paso está justificado a partir de los anteriores, y donde nunca se pueden contradecir o violar los axiomas. Cada paso viene de los anteriores, sin violar los principios, y con reglas de deducción básicas. Esto es lo garantiza que la solución de una ecuación sea coherente y verdadera.

GM Dos preguntas. ¿Crees que quien hace arquitectura debe tener una posición política que pueda trasladar a sus proyectos? ¿Crees que un arquitecto pueda favorecer la democracia con sus proyectos?

SF No tengo la menor duda de que para poder ser parte de lo que nosotros hicimos, se tenía que tener una posición política que fuera de la mano con la nuestra. Si no se tenía una posición política, entonces lo que se hacía perdía sus vínculos con la comunidad, y ahí es donde se juntan la arquitectura y la política.

GM Las posiciones conceptuales de quienes participaron en los proyectos arquitectónicos de Medellín, el hacer hincapié en la ruptura, la construcción del valor de la palabra, la inclusión, la dignidad… esos discursos ya estaban ahí, lo inédito es que se lograron unir con el discurso político.

Unas últimas preguntas que vale la pena pensar un poco. Cuando en la ciudad el 50 por ciento de la vivienda es informal, ¿qué políticas deberían de implementarse? ¿Cómo debería serla vivienda del siglo XXI?

SF Se hizo una intervención de viviendas de interés social. Fueron paradigmáticas, también fueron rupturas. En esos espacios nunca se soñaba con eso que se hizo allá.

GM Creo que hay que buscar modelos que se puedan repetir, como si fueran sistemas, o elementos de sistemas. Si se construye por autoconstrucción lo que necesito es educar los procesos de autoconstrucción. Por ejemplo, le podríamos enseñar a las comunidades diversas formas de organizar el espacio en las típicas condiciones de la ciudad, esto a manera de un protocolo que tiene diversas formas de leerse y, por lo tanto, de operar. Esto nos permitiría poder transformar las formas de construir y ser mucho más efectivos. La pregunta es, ¿cómo podemos afectar la forma de construir la vivienda si el 50 por ciento se construye de manera informal?

SF Todas estas intervenciones urbanas que son de carácter comunitario van a tener un impacto tremendo sobre cualquier otro tipo de vivienda que se vaya hacer, ya que va a girar alrededor de lo público que se construyó. Eso marca.

GM Sí, porque son proyectos que se construyen desde lo acabado; mientras que la manera en que siempre se hace la ciudad es desde lo inacabado. Es interesantísimo; la vivienda popular nunca está terminada.

SF Cualquier tipo de vivienda popular que se haga ahora en estos sectores tiene que tomar en cuenta esto que ya se hizo. El tipo de vivienda popular que se haga va a estar determinado por lo que ya hicimos.

Based in Bogotá, Giancarlo Mazzanti is a leading architect of public works in his native Colombia. He spearheaded the urban transformation of Medellín with projects including the libraries León de Greiff and Biblioteca de España, and the coliseums for the 2010 South American Games. He received the first prize in the 2008 Ibero-American Architecture Biennial in Lisbon.

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BOMB 110, Winter 2010

Featuring interviews with Antonio Caro and Victor Manuel Rodriquez, Ducle Gomez, Ana Teresa Torres and Carmen Boullosa, Evelio Rosero, Juan Gabriel Vasquez and Silvana Paternostro, Javier Tellez, Mario Galeano Toro and Marc Nasdor, Sergio Fajardo, and Carlos Cruz-Diez.

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